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Arquitecta y escritora almeriense, Sarai Ayala Soriano —conocida literariamente como Sarah Thomas— se ha consolidado como una de las voces más singulares del panorama cultural de la provincia. Autora de novelas de marcado carácter urbano y coral, ganadora del Premio Colección Mil Amores y seleccionada como Escritora Virtual Residente por la UNESCO en Melbourne, reivindica el poder de la literatura para construir identidad, memoria y comunidad. Desde su doble mirada, la creativa y la técnica, reflexiona sobre la ciudad, el proceso de escritura y la visibilización del talento femenino en Almería.

 

Tu profesión de arquitecta y tu carrera literaria han convergido. ¿Cómo crees que la literatura influye en el tejido social y cultural de una ciudad como Almería?
Creo que la literatura nos devuelve una mirada muy particular de aquello que normalmente pasa desapercibido: la gente, las costumbres, los silencios, la forma en la que la luz cae sobre las fachadas encaladas, el contraste entre el desierto y el mar. En Almería construimos recuerdos en sus calles y en sus plazas, historias que flotan al atardecer y que después se convierten en palabras sobre el papel. Almería tiene una personalidad que merece ser contada. A través de la literatura, deja de ser solo un lugar para convertirse en un relato compartido, en una identidad viva. Creo que escribir sobre nuestra tierra es también una forma de cuidarla, de hacerla visible y de darle voz.
Toda trayectoria tiene sus pilares. ¿Quiénes han sido tus referentes y mentores más importantes, tanto en la arquitectura como en la literatura?
En arquitectura, Álvaro Siza me enseñó a comprender la belleza de la luz y la pureza de las formas. De Frank Gehry admiro su capacidad para transformar el aparente desorden en escultura, en movimiento y en emoción construida. Y de Mies van der Rohe interioricé que lo esencial, un solo material, como el travertino, puede ser suficiente para dar sentido y carácter a un espacio.
En literatura, una de mis grandes referencias es Espido Freire, la primera autora con la que comencé a formarme de manera consciente como escritora. A partir de ahí, cada autor o autora con quienes me he formado me han dejado una huella. Admiro la manera en que Isabel Allende se recrea en la belleza de la descripción; Ken Follett me transmitió la importancia de escribir sobre aquello que realmente importa para mí. Y de Katherine Pancol he aprendido el valor de la emoción contenida en las palabras y en las relaciones humanas.
Tú cultivas la novela coral, que requiere entrelazar muchas voces. ¿Cómo gestionas este complejo rompecabezas de narrativas? ¿Hay un personaje que te resulte más difícil de «construir» que un edificio?
Esencialmente soy una escritora de mapa. Como buena arquitecta, necesito planificar la novela antes de comenzar a escribirla. Trabajo con fichas de personajes y desarrollo la estructura en tarjetas de colores que voy ordenando hasta que todo encaja. Comencé a escribir novela coral porque me divertía construir la trama como un puzzle, entendiendo la novela casi como la vida misma: un cúmulo de personajes que van y vienen, que se cruzan y se influyen mutuamente, aportando distintos puntos de vista.
Juego con los saltos en el tiempo (flashback y flashforward) para generar suspense y mantener al lector en tensión constante. En cuanto a los personajes, curiosamente no diría que hay uno más difícil que otro, pero sí hay algunos que requieren más escucha, más paciencia, más capas. A veces, construir un personaje complejo resulta mucho más desafiante que diseñar un edificio, y ese desafío es el que me motiva a escribir.
Tus novelas, como En la otra orilla del Támesis o Saraneo, tienen ciudades muy fuertes (Londres, Seúl). ¿Qué papel juega la arquitectura y el urbanismo en la creación de los escenarios de Sarah Thomas?
Tengo una conexión muy especial con las ciudades. No me conformo con visitarlas de forma superficial: necesito vivirlas. Soy de las que caminan solas, se sientan en un banco a observar el paso del tiempo, a escuchar sus sonidos, y tiendo a perderme por rincones poco turísticos. De esa forma voy recolectando sensaciones y detalles que luego traslado a mis novelas.
La arquitectura y el urbanismo son una parte esencial de mis escenarios: no funcionan como un simple fondo, sino como una presencia activa que condiciona a los personajes y los acompaña. Así, comparto con el lector mi propia experiencia, como si él también estuviera dentro de la historia.
Tras ganar el Premio Colección Mil Amores por Saraneo, ¿sientes una presión diferente al escribir tu próximo proyecto? ¿Qué impacto tienen estos reconocimientos en tu día a día?
Por naturaleza soy una persona muy exigente conmigo misma. Cada paso que doy me enseña algo nuevo, pero al mismo tiempo me empuja a mejorar, a seguir formándome y a escribir una novela cada vez más cuidada. Los reconocimientos aumentan mi sentido de la responsabilidad. En cada escalón siento vértigo, pero es un vértigo estimulante, una inquietud que me lleva a preguntarme constantemente: ¿y ahora qué?, ¿hasta dónde puedo llegar?
Hace poco fuiste seleccionada como Escritora Virtual Residente por la UNESCO en Melbourne. ¿Cómo fue esa experiencia de conexión literaria con otra «Ciudad de la Literatura» en la distancia? ¿Cambió tu perspectiva sobre la escritura?
Ser seleccionada como Escritora Virtual Residente por la UNESCO ha sido uno de los grandes logros de mi carrera, pero también implica una enorme responsabilidad. De alguna manera, represento a mi país dentro de una experiencia global de comunidad entre las Ciudades literarias de la UNESCO.
Ha sido muy emocionante poder presentar mi proyecto Street and Stories al resto de escritores seleccionados y, al mismo tiempo, establecer contacto con una cultura tan distinta como la australiana. A través de las sesiones y encuentros grupales he tenido la oportunidad de conocer más en profundidad la ciudad de Melbourne, su contexto cultural y literario, y de conversar con autores de ámbito internacional.
Además, trabajo con un grupo de escritores, los tutoro y comparto con ellos herramientas narrativas y técnicas creativas que he ido desarrollando a lo largo de muchos años de formación. Está siendo una experiencia profundamente enriquecedora, tanto a nivel personal como profesional.
El compromiso de las Ciudades literarias con sus autores, y la proyección internacional que ofrecen, me ha abierto las puertas a nuevas colaboraciones y a futuros proyectos culturales más allá de España. Sin duda, esta experiencia ha ampliado mi mirada y ha reforzado mi convicción en el valor universal de la literatura.
 
Saray Ayala es arquitecta, Sarah Thomas es la escritora. ¿Sigues manteniendo una división clara entre ambas facetas? ¿Crees que el seudónimo te otorga una mayor libertad creativa?
El seudónimo fue la herramienta que utilicé para salir de mi propio cascarón, para atreverme a publicar y a ocupar un lugar en el mundo literario. Siempre he sido una persona tímida, me costaba hablar en público y me sentía poco valiente a la hora de exponerme. Construir la identidad de Sarah Thomas me permitió dar esos pasos que, como Saray, quizá no me habría atrevido a dar en aquel momento.
Sarah Thomas puede hablar en un auditorio lleno, impartir talleres, participar en conferencias y defender sus textos ante desconocidos. Ese «escudo» del seudónimo también me ha enseñado a gestionar la crítica, a fortalecerme y a confiar más en mi voz. Con el tiempo, he ido creciendo tanto como Saray como Sarah, hasta el punto en que ambas identidades dialogan y se nutren mutuamente.
Hoy ya no las siento tan separadas: la arquitecta y la escritora conviven, se influyen y se sostienen. Pero sí creo que el seudónimo me sigue ofreciendo un espacio de libertad creativa muy valioso, un lugar desde el que puedo explorar sin miedo, ser más honesta, más arriesgada y más yo.
 
Para terminar, ¿puedes adelantarnos algo sobre tu próximo proyecto literario? ¿Seguirás explorando la novela coral o tienes intención de incursionar en algún otro género?
Estoy trabajando en un nuevo proyecto dentro del ámbito del suspense y la ficción contemporánea. Tendrá una estructura coral, porque es una forma de narrar en la que me siento especialmente cómoda, pero esta vez voy a profundizar más en la dimensión psicológica y emocional de los personajes. Me interesa explorar la fragilidad de la memoria, las decisiones que nos marcan y las consecuencias de aquello que no se dice.
Al mismo tiempo, me estoy permitiendo abrir pequeñas puertas a otros registros, más íntimos y poéticos, que quizá encuentren su forma en proyectos paralelos. Me gusta pensar que cada novela es un territorio nuevo que atravieso con la misma curiosidad con la que camino una ciudad desconocida.
¿Qué significa para ti personalmente esta distinción, y qué opinión te merece la iniciativa MIA para visibilizar el talento femenino en la provincia?
Formar parte del Directorio de Mujeres Influyentes de Almería es, ante todo, un honor profundamente simbólico y personal. No lo vivo como un reconocimiento individual, sino como un paso más dentro de un camino colectivo que muchas mujeres han abierto antes y que otras seguirán recorriendo después. Significa sentirme parte de una red de mujeres valientes, creativas y comprometidas con su tierra, y eso me emociona y me responsabiliza a partes iguales.
Creo que la iniciativa MIA es necesaria, valiente y transformadora. Visibilizar el talento femenino en una provincia como Almería no solo pone nombre y rostro a mujeres que están aportando valor en distintos ámbitos, sino que también crea referentes reales para las nuevas generaciones. Nombrar, reconocer y conectar a las mujeres es una forma de construir futuro, de generar confianza y de abrir espacios donde antes apenas existían.

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